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jueves, 7 de abril de 2011

Sobre Vargas Llosa y el liberalismo antirromántico de José Antonio Aguilar Rivera


Noé Hernández Cortez


El estudioso del liberalismo José Antonio Aguilar Rivera ha publicado un artículo puntilloso sobre el carácter del liberalismo en Mario Vargas Llosa y Octavio Paz. En Vargas Llosa y el liberalismo antirromántico (Nexos, 01.04.2011.,) escribe Antonio Aguilar Rivera: Me parece que la defensa que hace el peruano del liberalismo es capital. Lo es porque ha renunciado al ensueño romántico de la comunión. La suya es una concepción modesta de lo que el liberalismo puede y debe hacer en el mundo. La comparación en este respecto con Octavio Paz, otro gigante, es instructiva. Más adelante Rivera se pregunta ¿Pero por qué tendría que responder el liberalismo a la mitad —o a un cuarto— de las preguntas que nos hacemos? ¿Qué tipo de oráculo nos imaginamos que es? Y a continuación Rivera da su respuesta Para quien anhele la comunión el liberalismo será, indefectiblemente, deficiente. Precisamente Paz creía en la comunión, pero no porque se encontrara en el liberalismo, sino en otros órdenes de la vida espiritual, como en la poesía. Creo necesaria la idea de comunión en Paz para ejercer la crítica permanente al liberalismo, con la crítica el liberalismo recobra salud y vigorosidad. El carácter del liberalismo de Vargas Llosa tiene sus orígenes en la lectura de Hayek y Karl Popper, el de Paz en la tradición del liberalismo sociológico de Tocqueville y Max Weber. La pertinencia del liberalismo de Mario Vargas Llosa es crucial en nuestros días -como bien observa Aguilar Rivera- en un escenario de populismo y antiliberalismo en América Latina, así como en su momento lo fue la voz romántica del poeta mexicano Octavio Paz para denunciar las dictaduras del tiempo nublado que corrían en esos días en Sudamérica.



Ciudad de México a 07 de abril de 2011

 En documento: Sobre Vargas Llosa y el liberalismo antirromántico.


martes, 8 de marzo de 2011

Diego Reynoso: La carencia del ejercicio de la crítica


Noé Hernández Cortez




Diego Reynoso es un académico argentino estudioso de la política. He leído con agrado parte de su obra académica, destaco aquí su libro Votos ponderados. Sistemas electorales y sobrerrepresentación distrital, publicado por Flacso México, Porrúa y la Cámara de Diputados.


Leyendo su blog Votos ponderados –sí, Diego tiene un gusto por la jerga de la ciencia política americana- me encuentro una nota sobre Mario Vargas Llosa. La nota me atrapa porque me interesa saber que dice Diego sobre Vargas Llosa. Escribe Diego: “No soy amigo de hacer juicios normativos o emitir juicios de valor sobre el comportamiento político […]”. Diego quiere mirar desde lo alto de lo que él considera la cumbre del conocimiento: la ciencia política, y para pertenecer a esta estirpe hay que estar exentos de emitir juicios de valor. No le creo a Diego, luego de leer estas líneas escritas con pasión política: “Me imagino un MVLL despotricando contra el gobierno de CFK, provocando hasta el límite insultante…”.  


No está mal la pasión política de Diego, pues para un público más amplio como corresponde escribir para un blog, una prosa de esta naturaleza gana lectores. Sólo lamento que sea una prosa tan desaliñada la de esta nota sobre Vargas Llosa; además de la jerga académica que impregna su escritura, por ejemplo esa manía de escribir telegráficamente “MVLL” o “CFK”. En fin, la nota de Diego Reynoso sobre Vargas Llosa manifiesta una carencia del ejercicio de la crítica a la altura de la prosa del Nobel de Literatura que tanta aversión le causa.


México, a 08 de marzo de 2011.

martes, 7 de diciembre de 2010

Mario Vargas Llosa y la tradición liberal en México.


Hace casi veinte años se anunciaba que Octavio Paz era el galardonado con el Premio Nobel de Literatura. Ahora la Academia Sueca reconoce nuevamente a las letras del orbe hispánico en la figura apasionada de Mario Vargas Llosa. En su discurso de 1990, La búsqueda del presente, Octavio Paz escribía: La búsqueda del presente no es la búsqueda del edén terrestre ni de la eternidad sin fechas: es la búsqueda de la realidad real. Para nosotros, hispanoamericanos, ese presente real no estaba en nuestros países: era el tiempo que vivían los otros, los ingleses, los franceses, los alemanes. El tiempo de Nueva York, París, Londres. Había que salir en su busca y traerlo a nuestras tierras. Al igual que Paz, poeta moderno, Vargas Llosa ha emprendido la empresa intelectual de traer a nuestras tierras la tradición moderna y liberal de Occidente.  

            La modernidad hispánica inicia con la melancolía y la ironía en Don Quijote de la Mancha. Melancolía e ironía que recrea Llosa en su prosa moderna. Prosa ondulante y apasionada que recorre la violencia, el poder y el amor. Su temple liberal arraigado en la sociedad abierta de Karl Popper se puede leer en su apasionante ensayo político, Karl Popper al día. Si, se le debe a Llosa el conocimiento de Popper en América Latina en la tradición de la  imaginación crítica hispánica, en donde confluye la metáfora de la verdad sospechosa de Juan Ruiz de Alarcón con el rigor lógico del falsacionismo de Karl Popper. Con Paz y Llosa tenemos la exactitud inasible del instante poético y la prosa que expande los mundos.

            En México Vargas Llosa ha publicado en dos revistas de corte liberal, la revista Vuelta de Octavio Paz y Letras Libres de Enrique Krauze. En su sección de extemporáneos en Letras Libres recuerdo la brillante defensa que hace Llosa del escritor francés André Malraux,  a contracorriente de la crítica literaria americana cobijada en la retórica de lo políticamente correcto. En su diálogo con Enrique Krauze, Vargas Llosa reflexiona sobre  la fragilidad democrática en Latinoamérica, Creo que si hay algo que está socavando profundamente los gobiernos democráticos y la cultura democrática en América Latina, es la corrupción. Nada desmoraliza tanto una opinión pública como comprobar que aquellos a quienes ha elegido en comicios libres para ocupar cargos públicos, utilizan esos cargos para traficar y enriquecerse. Llosa ilumina la política de América Latina no sólo señalando sus quiebres institucionales, sino también su mundo de pasiones. Paz y Llosa son aires de libertad en nuestra América.
México, 07.10.10