domingo, 6 de febrero de 2011

Jesús Silva-Herzog Márquez: totalitarismo y populismo

Jesús Silva-Herzog Márquez en su reciente ensayo  La democracia de Lefort escribe : “La condición democrática es la fragilidad. La democracia es arquitectura de arena, abismo, incertidumbre, fugacidad, indecisión.  Ahí, tal vez, incuba el germen totalitario. Si la democracia es un problema, el totalitarismo fue una solución más radical. Sólo entendemos el totalitarismo -y el populismo, agregaría- si comprendemos la naturaleza de los desafíos que nos lanza el régimen democrático. Totalitarismo y populismo son dos formas de rehuir sus exigencias [...]"


El filósofo francés Claude Lefort cuando reflexiona sobre la erosión del fundamento de la democracia es para comprender el mal radical del siglo XX: el totalitarismo. Democracia y totalitarismo son dos categorías simbólicas y por consiguiente de carácter histórico. El laboratorio de lo político es la historia. De una manera apresurada Jesús Silva-Herzog Márquez imagina que el discurso sobre la democracia de Lefort, también le permite entender el populismo. Y nos dice que el denominador común entre totalitarismo y populismo consiste en “rehuir sus exigencias” con el régimen democrático. Esta comparación entre totalitarismo y populismo de Jesús es frágil. Totalitarismo y populismo son dos fenómenos históricos que aparecen en el mundo de lo político y que requieren una meditada reflexión como la que bien nos dice Jesús sobre la democracia de Lefort para entender el totalitarismo.


Octavio Paz en su momento polemizó con Vargas Llosa, cuando el escritor peruano utilizó la metáfora “dictablanda” para referirse al régimen priísta en México. Octavio Paz exigía categorías históricas para poder expresar y descifrar el mundo político, no imágenes apresuradas que hablan más de la aversión por lo otro, que la comprensión del otro.

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